Querida mujer:
Es un gusto poder hablar con vos sobre nuestro papel en la iglesia y la sociedad de hoy.
La Biblia nos enseña que Jesús valoraba mucho a las mujeres, y que ellas también jugaron un papel muy importante en su ministerio.
Esto es algo que nos debe motivar a seguir adelante y a cumplir con nuestro llamado en la iglesia y en nuestra comunidad.
Un pasaje que siempre me gusta recordar está en Lucas 8:1-3. Ahí se nos cuenta que varias mujeres acompañaron a Jesús en su caminar y le ayudaron con todo lo que tenían. Mujeres como María Magdalena, Juana, la mujer de Chúsa, que con su fe y su apoyo, fueron parte fundamental en la misión de Jesús.
Ellas no solo estaban allí por ser amigas, sino que apoyaban de verdad: acompañaban, cuidaban y financiaban la obra de Jesús con sus recursos y su compromiso.
Estas mujeres no eran solo ellas. Eran mujeres que tenían un corazón generoso y que confiaron en Jesús con toda su vida, puesto que Él había hecho grandes milagros en ellas, liberadas de demonios, sanadas.
La Biblia nos muestra que Dios valora mucho la participación activa de las mujeres en la misión de su Iglesia. ¿Y qué mejor ejemplo que estas mujeres que siguieron a Jesús con todo su corazón?
Hoy en día, las mujeres en la Iglesia tenemos un papel muy importante. Podemos enseñar, servir, apoyar y ser ejemplo de fe y amor. Nuestra participación en diferentes áreas —en grupos de estudio, en trabajos sociales, en liderazgo— enriquece mucho a la iglesia.
No estamos llamadas a ser solo asistentes para ocupar un espacio, sino a ser protagonistas, a poner en práctica nuestros dones y talentos para servir a Dios y a los demás.
Pero también es vital que esa misma fe y compromiso no se queden solo en las cuatro paredes del templo. Como mujeres cristianas, podemos hacer una gran diferencia fuera, en nuestro día a día, en nuestro trabajo, en nuestra profesión y en nuestra comunidad.
La sociedad en la que vivimos hoy, cada vez más escucha la voz de la mujer, y eso es una oportunidad enorme para mostrar que somos diferentes, que vivimos con valores cristianos y que nuestro testimonio puede impactar y transformar. Somos mujeres empoderadas, porque entendemos cual es nuestra identidad y ya sea en la oficina, en la escuela, en el comercio o en cualquier campo que nos toque desenvolvernos, podemos ser ejemplo de honestidad, esfuerzo y paz, y llevar a Cristo a cada lugar. Nuestro trabajo es una plataforma para reflejar los valores del Reino de Dios y demostrar que vivir en Cristo nos hace vivir diferente.
Quiero compartir también un poco de mi historia personal. En 2014 y luego en 2020, fui premiada por Argentina Solidaria por mi trabajo en la Fundación Elegí Sonreír, de la cual soy presidenta. Este trabajo lo realizamos con mujeres menores, muchas de ellas víctimas de abuso y violencia. Nuestros tres hogares son reconocidos por jueces y el Ministerio de Niñez por el trabajo integral que realizamos para ayudar a transformar vidas. Para mí, este camino ha sido una verdadera misión de fe. Cada día, al ver las vidas que Dios ha tocado a través de nuestro esfuerzo, reafirmo que la fe en acción no solo cambia vidas, sino que también confirma que Dios usa nuestras manos, nuestro corazón y nuestro compromiso para hacer el bien.
Mi experiencia me enseña que, como cristiana, puedo marcar una diferencia en la sociedad cuando vivo mis valores y sirvo sin descanso a los más necesitados. Dios me ha puesto en este camino para dar testimonio de Su amor y misericordia, y sé que cada mujer que pone su mano en la obra del Señor puede hacer lo mismo en su contexto, en su profesión y en su comunidad.
Recuerden que nuestro ejemplo y nuestras acciones hablan mucho más que nuestras palabras. Cuando actuamos con integridad, con amor y con justicia en nuestro trabajo, estamos siendo testigos vivos del amor de Dios.
La sociedad hoy busca ejemplos de mujeres fuertes, valientes y con propósito, y ese puede ser nuestro testimonio de fe.
Querida hermana: Dios te llama a ser una discípula activa, una mujer que sirve con amor y que se atreve a hacer cosas nuevas para Él.
La historia de esas mujeres que siguieron a Jesús nos muestra que nuestras acciones y nuestra fe tienen valor y hacen la diferencia.
Tú también eres importante en la iglesia y en la misión de Dios en este mundo.
Así que, sigamos con ánimo y confianza, sabiendo que Dios nos llama a vivir nuestra fe con pasión.
La clave está en confiar en Él, en usar nuestros testimonios y en ser un ejemplo vivo del amor de Cristo. Que cada una de nosotras pueda sentirse motivada a participar más, a liderar con humildad y a ser una mujer llena de fe y esperanza en su comunidad, en su trabajo y en su entorno social.
Juntas, podemos hacer grandes cosas para la gloria de Nuestro Señor Jesucristo.
¡Dios te bendiga!—